Arte y Empresa

TAL Y COMO EL ACTOR ES INSTRUMENTO E INTÉRPRETE, LÍDER Y SERVIDOR A LA VEZ, DE IGUAL MODO DEBE SERLO EL PROFESIONAL DEL FUTURO.

Las Personas no se resisten tanto al cambio, como a ser cambiadas. - Peter Senge

arte en la empresaLos cambios en el exterior requieren una transformación interior. Esta transformación solamente puede hacerse de dentro a fuera. No podemos cambiar a las personas, pero podemos facilitar las condiciones para que la transformación tenga lugar. Toda “imposición” puede provocar gran resistencia, dudas, miedo y vergüenza, y destruir todo intento creativo del “niño interior” para aprender, avanzar y crecer. La incomprensión, la brusquedad y el cinismo en el manejo de un material vivo y sensible, pueden echar por tierra las mejores intenciones.

El mayor “roce” de la cooperación y cocreación exigen un alto nivel de confianza, respeto, empatía, diálogo, autonomía y responsabilidad.Todos ellos elementos críticos a los que el antiguo paradigma de planificación y control, apenas daba ninguna importancia, pero que han sido asumidos por la estricta separación entre “vida profesional” y “vida personal”. Se “alquilaban” capacidades y conocimientos concretos para tareas específicas; se tenía un “puesto de trabajo” y las responsabilidades y relaciones con otras personas quedaban estrechamente circunscritas a estas tareas y funciones que empezaban y acababan con el horario laboral. A todas luces, una fragmentación del ser humano mecánica y estéril.
Tener que asumir mayor libertad pero también mayor responsabilidad, iniciativa y creatividad, puede generar vértigo en unos y entusiasmo en otros. Unos querrán ceder poder y otros asumirlo; pero también habrá gente que se sienta muy incómoda. Además, trabajar con mayor “roce” significa mostrarse como persona, deponer la máscara y ser  uno mismo; lo que no sólo suponer un aprendizaje individual y colectivo, sino también un cambio cultural y estructural que lo sostenga.

Derribar los muros de la desconfianza y abrir los canales de nuestro verdadero potencial, es la tarea más inmediata y a la vez más crítica.

¿Cómo pueden las habilidades teatrales ayudar a conseguirlo?

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Joaquín Candeias con Hans Günther Hyme en “El mercader de Venecia”

La función del teatro ha sido siempre integradora. Desde la antigüedad, el teatro ha sido literalmente el mediador entre lo sagrado y lo profano, entre espíritu y materia, entre dolor y placer, entre vida y muerte. Su poder radica precisamente en su fuerza transformadora. Permite re-conocernos, re-conectarnos, re-definirnos, re-organizarnos y re-alizarnos. En suma, comprendernos mejor para vivir una buena vida.

Contar juntos una historia, expresarla poniéndole voz, cuerpo, gesto e intención, y teniendo que organizarla en el espacio-tiempo, engloba todas las habilidades individuales y colectivas de colaboración y cocreación. Toda acción se vuelve significativa e importante por la búsqueda de la verdad humana. La máscara teatral permite experimentar y revelar las habilidades relacionales en un espacio seguro y lúdico, y facilita ver el mundo de forma más contrastada, diferenciada y compleja. O dicho de otra manera, tener una comprensión holística de la realidad. Lo individual se pone al servicio de lo colectivo, y ambos al servicio del propósito común, que a su vez se pone al servicio del público o del cliente.

El actor es instrumento e intérprete, líder y servidor a la vez; y de la misma forma debe serlo el profesional del futuro. Una parte no es nada sin la otra y ambas deben estar en perfecto equilibrio y armonía para una expresión diáfana, elocuente y significativa.